jueves, 24 de diciembre de 2009

Albricias de un esnob


Un día cualquiera, ya era la 1, tal vez las 2 o a lo mejor ya fueron 3, fue divertido por un momento y hasta después del momento, antes sólo fue un deseo, la tentación está a sólo un paso de la realidad, más que eso, no hay nada.

La sonrisa era extraña, culpablemente me sentí bien, dentro de unos momentos todo cambiaría para siempre y así fue, así paso, todo debía ser como debería ser. No comprendía cómo podía estar tan cerca de mí. Acércate más aún queda mucho, nunca pensé que esta noche podía estar tan cerca, trataba de poder verte en la oscuridad fijando mis ojos donde pueda ocultarme.

Teníamos la luna sólo para nosotros y ahí estaban las estrellas, las nubes también pero el sol tardaba en llegar, nunca vino, nunca salió, nunca apareció, adiós ¡ooh! Sol, estás listo ya, todos los días, a todas horas, en todo el mundo y la mitad.

Cuánto tiempo durará más este martirio, ven conmigo, tómate tu tiempo, yo nunca sé qué hacer. ¿Te he dicho esto antes? Hagámoslo de nuevo.

El sabor de su belleza, no podía más, tuve un presentimiento muy dentro de mí, ¡estoy viviendo la edad de oro, mujer!, mírame, soy feliz, ven feliz, que estamos bien, ¿no es así? Esperemos ya que estos días pasarán, nos necesitamos probar, que todo ya está hecho, dejemos que el tiempo haga lo demás.

El sol no brilla, nunca, incluso si es de día, nunca brilló en algún lugar del mundo, sólo dentro de mí pude verlo y en ti, hoy lo veo más, mañana tal vez, también.

Mira a ese chico, contemporáneo tuyo, amigo, luchador y soñador, está frente a ti, sí, lo soy, no se parece a otro que hayas visto jamás. Ese chico que jamás pierde la sonrisa pero la mirada sí, el muchacho de la dama. No necesitas llevarlo contigo, él te seguirá y no te soltará. Estás muy cerca de mí, desearía no ser tan callado.

Turn the light up
Turn the night up
Turn the fight up

No te veo, no puedo verte. No te vi. No vayas a casa nunca más y quédate conmigo, supongo que iré contigo. Te extraño y te beso, te perdiste pero miras por la ventana y vuelves a ser la de siempre, pisotea la acera que alguien quiso ser el primero, yo soy el único, el primero, el futuro lo sabe, tus ojos me conocieron por primera vez.

Tratamos de buscar a alguien en todo el mundo, soy yo esa persona y tú aquella.

Un día distinto a los demás. Más de 1, 2, 3 y más, un poco cansado de buscar, cómo sé que realmente eres tú, porque lo sé. No lo supe hasta me cantaste al oído como nadie lo hizo. Supongo que va a pasar. Yo vine solo y no me iré solo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Ya no más


Era una de aquellas noches en las que mi cuerpo pedía a gritos el sentir de la piel de la persona que sería capaz de concederle cualquier deseo a mi corazón. Volar por entre la neblina no se veía tan peligroso estando a su lado, más aún cuando estás escuchando canciones que te traen hermosos recuerdos mientras conduces, ella me miraba, me sonreía y de vez en vez se acercaba a mis labios para besarme, me gustaba su forma antaña de observar todos mis movimientos, similaba a una madre mirando su recién nacido hijo. Se escondía misteriosa tras sus negros mechones de cabello, tímida como una niña, jovencita llena de amor, el don de seducir y lo mejor de todo, llamar la atención.

Me gustaba el atardecer, abrimos las puertas del auto y sin pensarlo ya estabamos caminando entre la espumosa arena, descalzos, pues la marea aún seguía llegando un poco más de la orilla, el crepúsculo se asomaba cada vez más y más al igual que la caída del sol, qué más podía pedir Señor. Llorar de felicidad me hacía estar ahora más seguro de mi posición frente a eso, no sabía cómo poder expresar tanto, cada vez al verla sentía aquella curiosidad de saber qué nos esperaba más adelante, el pasar de las horas lo respondería. Cada encuentro causaba una sensación dentro de mí de novedad, casualmente lo hacíamos, sin embargo, todo valía la pena, más aún cuando ella aún permanecía aqui.

Verla arrecostada sobre el sofá me hacía recordar el no irrumpir en su descanso, lo único que podía hacer es esperar a que ella despierte, no podía moverme o sino sería yo el que la despertaría, pero lo sé, era demasiado para mí, me encantaba abrazarla mientras ella, en sus sueños, a lo mejor jugaba conmigo, tomándome de la mano o simplemente sonríendome con la mirada, esa mirada a la que muy pocas personas podemos decirle "amor".

Al llegar a casa con los pies llenos de arena me gustaba tomarla por el rostro, en la puerta de ésta rozar sus labios con los mios, podías ver el cerrar de mis ojos junto a los suyos diciéndo impetuosamente palabras llenas de sentimiento profundo, agonía de muchos pero gloria nuestra. Al finalizar volvíamos a abrirlos volviendo a la realidad, la realidad de estar juntos y el estar juntos ya no parecía una realidad, ya no más, nunca más.

Y ambos saldremos a relucir nuestras misteriosas y más profundas sonrisas, tú sabes a qué me refiero con nuestras sonrisas que provienen del corazón, esas que te intimidan y no puedes dirigir la mirada hacia mí, yo sé que no. No te preocupes si las cosas se tornan un poquito mal, mi deseo ambicioso y soñador nunca se terminará, al menos en esta vida jamás, mucho menos lo fue junto a ti.