viernes, 4 de diciembre de 2009

Ya no más


Era una de aquellas noches en las que mi cuerpo pedía a gritos el sentir de la piel de la persona que sería capaz de concederle cualquier deseo a mi corazón. Volar por entre la neblina no se veía tan peligroso estando a su lado, más aún cuando estás escuchando canciones que te traen hermosos recuerdos mientras conduces, ella me miraba, me sonreía y de vez en vez se acercaba a mis labios para besarme, me gustaba su forma antaña de observar todos mis movimientos, similaba a una madre mirando su recién nacido hijo. Se escondía misteriosa tras sus negros mechones de cabello, tímida como una niña, jovencita llena de amor, el don de seducir y lo mejor de todo, llamar la atención.

Me gustaba el atardecer, abrimos las puertas del auto y sin pensarlo ya estabamos caminando entre la espumosa arena, descalzos, pues la marea aún seguía llegando un poco más de la orilla, el crepúsculo se asomaba cada vez más y más al igual que la caída del sol, qué más podía pedir Señor. Llorar de felicidad me hacía estar ahora más seguro de mi posición frente a eso, no sabía cómo poder expresar tanto, cada vez al verla sentía aquella curiosidad de saber qué nos esperaba más adelante, el pasar de las horas lo respondería. Cada encuentro causaba una sensación dentro de mí de novedad, casualmente lo hacíamos, sin embargo, todo valía la pena, más aún cuando ella aún permanecía aqui.

Verla arrecostada sobre el sofá me hacía recordar el no irrumpir en su descanso, lo único que podía hacer es esperar a que ella despierte, no podía moverme o sino sería yo el que la despertaría, pero lo sé, era demasiado para mí, me encantaba abrazarla mientras ella, en sus sueños, a lo mejor jugaba conmigo, tomándome de la mano o simplemente sonríendome con la mirada, esa mirada a la que muy pocas personas podemos decirle "amor".

Al llegar a casa con los pies llenos de arena me gustaba tomarla por el rostro, en la puerta de ésta rozar sus labios con los mios, podías ver el cerrar de mis ojos junto a los suyos diciéndo impetuosamente palabras llenas de sentimiento profundo, agonía de muchos pero gloria nuestra. Al finalizar volvíamos a abrirlos volviendo a la realidad, la realidad de estar juntos y el estar juntos ya no parecía una realidad, ya no más, nunca más.

Y ambos saldremos a relucir nuestras misteriosas y más profundas sonrisas, tú sabes a qué me refiero con nuestras sonrisas que provienen del corazón, esas que te intimidan y no puedes dirigir la mirada hacia mí, yo sé que no. No te preocupes si las cosas se tornan un poquito mal, mi deseo ambicioso y soñador nunca se terminará, al menos en esta vida jamás, mucho menos lo fue junto a ti.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

SIMPLEMENTE ES HERMOZO LO QUE ESCRIBES :) [!]
PARECES ESTAR MUY ENAMORADO ;)

Anónimo dijo...

En que o en quien te inspiras broer ??????
Escribes muy bien.